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Martes, Ene 24 2017

Conoce la investigación: ‘Tambores contra el narcotráfico’

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Carolina Gutiérrez y Uwen H. Martin son los autores de esta historia que narra la historia de Gustavo Colorado, más conocido como 'Don Gu', un profesor que durante 13 años ha utilizado la música y la danza como medio para arrebatarle jóvenes a las drogas. El relato contiene material audiovisual y datos que contextualizan al lector sobre esta problemática social en Tumaco. 

La investigación hace parte del proyecto ‘Punto de Giro: Colombia después del acuerdo de paz’, resultado de una iniciativa de cooperación entre Consejo de Redacción, la Fundación Konrad Adenauer-Stiftung (KAS) y el proyecto JONA.

Burlas, narcotráfico y música 

Gustavo Colorado sufrió una enfermedad infecciosa que debilitó sus huesos y lo dejó con una discapacidad para caminar: “No podía ni pararme. Y cuando quise caminar me encontré con otra enfermedad peor: la ignorancia de la gente que se burlaba de mí”.

Una enfermedad que generó burlas dentro de sus compañeros de clase, y rechazo por parte de los familiares de su esposa. Pero, 'Don Gu' se hizo fuerte ante los comentarios, olvidó todos los capítulos dolorosos de su vida y se refugió en la música. 

 

Centro Cultural Artesanal: música y danza salvadora de vidas  

Gustavo se convirtió en un intérprete del cununo (un instrumento, tradicional de su región, que luce como un tambor) y la música lo volvió salvador de vidas, ofreciendo a los niños y jóvenes una forma de vida diferente, con el fin de que olviden la violencia, la pobreza y el abandono que dejo el narcotráfico en el Tumaco.

Con el paso del tiempo, se construyó la escuela de danza y música llamada ‘Centro Cultural Artesanal’. “Nuestra música y nuestros bailes tradicionales se están perdiendo porque los jóvenes están cogiendo para otros lados. A nosotros nuestros ancestros nos dejaron una herencia y no podemos dejarla morir”. 

La misión que tiene Gustavo es la de rescatar la música del pacifico y a los jóvenes de las garras del narcotráfico. Por lo tanto, cada día se reúnen en las calles del barrio para bailar al sonido del cununo, el tambor y la marimba, escuchar las notas del pacifico y olvidar las malas situaciones.

Hablamos con Carolina Gutiérrez, asociada CdR y autora de la crónica ‘Tambores contra el narcotráfico’, esto fue lo que narró sobre el proceso de investigación y producción: 

¿Qué los motivó a narrar la historia?

Nos platicaron la historia de un profesor que vivía en una de las zonas más vulnerables del país en este momento en el tema del narcotráfico, Tumaco. Un profesor que encontró en la música un escape y una oportunidad de encajar en una sociedad que lo había rechazado desde siempre, a causa de su discapacidad para caminar, producida por una infección. Nos plantean la idea de narrar esta historia maravillosa de una persona que es muy querida en la comunidad, un gran líder en el que la gente cree y que ha cambiado la vida de muchas personas.

Entonces es trasladar su historia de vida a una región muy golpeada. Donde los jóvenes al no tener la posibilidad de estudiar, ni trabajar, son sensibles a aceptar la oferta de ser parte de estas redes de narcotráfico, haciendo el trabajo más arriesgado que es el de transportar la droga. ‘Don Gu’ (el profesor) se da cuenta del cambio que tuvo su vida personal gracias a la música y decide llevarla a estos jóvenes, brindándoles una nueva oportunidad, más allá del narcotráfico y la pobreza. 

¿Cómo deben ser contadas este tipo de historias en Colombia?

Este fue un gran ejercicio porque a través de las herramientas multimedia utilizadas; el video, el audio y la escritura, le dimos la oportunidad al protagonista de contar su propia historia. Es muy importante que los personajes tengan la oportunidad de hablar con sus propias palabras, mostrar sus contextos y ser escuchados. 

En algunos formatos, como en la prensa escrita, el periodista se toma la voz del protagonista al querer interpretar las palabras de los personajes, de alguna manera lo que está haciendo es dar otra vez su propia visión. Pero, esta vez lo logramos a través de estas herramientas multimedia, por ejemplo el video fue una gran herramienta para esto, logrando que la historia fuera contada en primera persona y desarrollada desde distintos ángulos. 

Yo soy defensora de que la voz de los protagonistas no sea opacada, ni por la voz del periodista, ni por otras voces. Pero, en esta historia lo logramos dando un contexto, logramos ubicar una historia de un profesor ‘Don Gu’ que es el protagonista, en un contexto mucho más amplio, teniendo en cuenta el Proceso de Paz y los riesgos de las nuevas bandas que se están rearmando en ciudades como Tumaco, copando los espacios que dejo la guerrilla. Quisimos mostrar a través de un personaje como ‘Don Gu’ y de su historia personal, un contexto que da cuenta de la realidad preocupante en una región.

¿Cuál fue el mayor reto que tuvieron durante la construcción de la historia?

El mayor reto fue que mi compañero de trabajo es un alemán, que no habla español. Entonces, para mí que llevo ocho años haciendo periodismo, he viajado a muchas regiones, he cubierto muchos temas de problemáticas sociales, he estado en regiones difíciles, esta fue una nueva experiencia porque nunca me había tocado estar en una zona en el que sintiera que estábamos en peligro todo el tiempo.

Me asustaba sobre todo por mi compañero, porque él venía a Colombia por primera vez y llega a Tumaco, a un barrio que todo el mundo nos advirtió que debíamos que tener mucho cuidado, incluso el mismo protagonista de nuestra historia que es un gran líder del barrio. Duramos casi tres días viviendo en su casa y en ocasiones nos decía que ya era hora de entrar a la casa, nos alertaba. Eso fue para mí un gran reto, porque sentía miedo por mi seguridad y por la de mi compañero, pero no quería atemorizarlo, porque que en ese contexto hay historias muy valiosas, que se tienen que contar y para contarlas hay que vivirlas. 

Es estar inmerso en una realidad tan difícil, en un lugar muy peligroso, con una persona que desconocía totalmente el contexto de nuestro país. Pero, fue muy enriquecedor, porque al mismo tiempo que yo iba traduciéndole todo, aquellas conversaciones que teníamos con los chicos del barrio, conversaciones que a veces eran en un lenguaje muy propio de ellos, cada vez que le explicaba llegaba a esa realidad que quizás no hubiese visto de otra manera. 

¿Cómo describiría la experiencia de trabajar con periodistas extranjeros?

Yo fui muy afortunada porque mi compañero era uno de los profesores, una persona muy profesional, que ha estado en contextos iguales o más difíciles que el de Colombia. Es una persona que ha hecho trabajo audiovisual en muchas regiones de África, ha trabajado con conflictos sociales y ambientales. Por mi parte nunca había trabajado con audiovisuales, toda mi carrera ha sido prensa escrita. Me llamo la atención la manera en la que esta persona a pesar de su aspecto físico (alto, rubio, blanco y de ojos claros) lograba mimetizarse en esta región y en muchas ocasiones cuando tenía la cámara, conseguía que la gente no lo viera y siguieran actuando de manera natural, aun siguiendo él ahí. 

Fue totalmente enriquecedor desde la parte técnica hasta la parte conceptual. Para mí fue muy bonito ver el nivel de profesionalismo de esta persona y ver a través de sus ojos la realidad de nuestro país. La forma en que nosotros, aún estando tan inmersos y estando aquí adentro, normalizamos lo que sucede, pasan cosas terribles frente a nosotros y la costumbre nos impide verlas. Pero, mi compañero era como un niño, descubriéndolo todo, poniéndole atención a todo. Fue un llamado de atención para que volvamos a los detalles, a las historias y a nuestros contextos. 

Lee la historia completa aquí.

 

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