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Jueves, Feb 23 2017

Conoce la investigación ‘Briceño lucha por el cambio’

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Margaret Sánchez, asociada CdR y editora de la unidad digital del periódico La Patria de Manizales, y Julia Gurol, periodista freelance, fueron las encargadas de visitar Briceño, Antioquia, para conocer el escenario de los cultivos de coca y los eventuales planes de sustitución en el municipio. Esta investigación hace parte del proyecto ‘Punto de Giro: Colombia después del acuerdo de Paz’.

Los habitantes del municipio de Briceño encuentran en los cultivos ilícitos un negocio rentable, pues la coca está en cosecha cada dos meses, el cultivo es económico y el Estado se mantiene ausente. “Nos veíamos obligados a sembrar el cultivo porque no había otra alternativa, y eso conllevo a que el cultivo fuera creciendo y cogiendo valor. Es algo que uno está cogiendo cada dos meses, que uno sabe que cada dos meses tiene su entradita ahí. Mientras que un cultivo de café o de cacao, se demora un año para poder cogerle una cosecha”, expresa Jhon García, líder de Palmichal, en fragmento de video.

La idea es que este municipio pase de de ilegal a legal, con un plan piloto de sustitución de cultivos ilícitos que acoge a 10 veredas del municipio de noroeste antioqueño: Pueblo Nuevo, El Orejón, La América, El Pescado, La Mina, Buena Vista, Altos de Chiri, Roblal y Palmichal. Representantes del Gobierno, Farc, comunidad y ONU desarrollan el plan.

Los habitantes de todas las zonas afectadas por este negocio esperan que cada una de las veredas proyecte una nueva imagen, que salgan adelante y que desde el Gobierno se busquen nuevas alternativas laborales para la comunidad. “Que palmichal no solo se vea a nivel municipal, si no que se vea a nivel nacional, quizás a nivel mundial y que Palmichal sea una imagen a seguir de las otras veredas”, comenta Jhon García.

 

Proceso de sustitución de cultivos ilícitos

La coca se convirtió en el cáncer de Briceño. En la actualidad hay 2000 familias que encuentran en este cultivo ilícito una fuente rentable. Se calcula que en el municipio existen alrededor de 1500 hectáreas con siembras de coca.

El acuerdo del proceso de sustitución de cultivos ilícitos fue definido en la mesa de negociación de la Habana. El 10 de julio, el alto consejero para el Posconflicto, Rafael Pardo, y el miembro del Secretariado de las Farc y negociador de esta guerrilla, anunciaron el inicio del plan piloto en el corregimiento de Pueblo Nuevo (Briceño). Es preciso mencionar la participación de la comunidad en el desarrollo de este proceso. 11 líderes de Briceño participarán en las mesas temáticas y serán puente entre los representantes de las Farc, el Gobierno y la comunidad.

Además, en el municipio también se lleva a cabo el plan de desminado humanitario. Según cifras del Gobierno, a la fecha se han liberado 1500 metros cuadrados de minas.

¿Qué pasará de aquí en adelante?

Se espera que en el país disminuyan los cultivos ilícitos y que el Gobierno cumpla los proyectos de sustitución y desminado en las comunidades que piden colaboración.

Mientras tanto, las 10 veredas en las que se aplicará el plan piloto esperan que el Gobierno cumpla las promesas, ofrezca mejores oportunidades, y garantice seguridad para que los grupos al margen de la ley no se tomen la zona. Es importante mencionar que este tipo de cambios mejora la imagen del país frente a la comunidad internacional.

Margaret Sánchez, asociada de CdR, narró su experiencia en el proyecto ‘Punto de Giro’, y las herramientas que aprendió con su compañera alemán. ¡Lee la entrevista!

¿Qué los motivó a narrar la historia?

Primero hay que tener claro que en el proyecto los temas fueron escogidos por los organizadores. Entonces, a los periodistas colombianos nos asignaban el tema del posconflicto, por así decirlo. Después el compañero alemán elegía qué quería hacer.

A mí me asignaron el tema de sustitución de cultivos de coca, en el municipio de Briceño, Antioquia. Este no era un tema familiar para mí, porque yo trabajo en Manizales en el periódico La Patria, y en Caldas los procesos de sustitución ya se realizaron, es decir, en este momento no hay cultivos de coca.

Por muchas razones me motivé a narrar e investigar esta historia. Por un lado, la curiosidad de conocer un cultivo de coca, yo jamás había visitado uno, ni conocía esta planta. Por otro lado, la idea de salir de mi región a hacer reportería en este municipio del noroeste antioqueño fue una nueva experiencia, porque yo hago periodismo regional, pero en el departamento de Caldas, no había tenido la oportunidad de ejercerlo en otra zona del país.

Por último, me llamó la atención el tema del plan piloto de sustitución de cultivos con las Farc. Me pareció interesante investigar de qué manera se estaba realizando este proceso, tanto con la comunidad, como con las Farc, que en este caso, son representantes que están vinculados a la vida civil y sobresalen como actores garantes en este proceso.

¿Qué herramientas utilizaron para enriquecer la historia?

En el intercambio con los compañeros alemanes, ellos traían el conocimiento técnico. Mi compañera Julia Gurol tenía experiencia en todo lo audiovisual, era muy sensible a las imágenes, además, este era un ambiente diferente para ella, entonces estaba muy pendiente a los detalles. Esa sensibilidad en cuanto a la imagen fue algo positivo en la historia.

Yo creo que fue lo audiovisual lo que más primó en cuanto a herramientas, obviamente la fotografía y el video fueron nuestros dos elementos principales.

¿Qué aporte pueden generar este tipo de investigaciones en la sociedad?

En general el proyecto ‘Punto de Giro’ y el intercambio de saberes con periodistas nacionales e internacionales sirvió para mostrar distintas miradas del país.

Con el tema del plebiscito, los habitantes de Briceño estaban ‘bajoneados’ porque no había ganado el sí en el país. Pero, en el territorio continuaba el proceso de sustitución de cultivos de coca.

Sobre las mesas temáticas, con los habitantes el Gobierno, las Farc y la ONU seguían apostándole a este proceso y a los trabajos de ese posconflicto que ya se estaba realizando.

Sin importar el resultado en el plebiscito, y que no existiera una refrendación de los acuerdos. Luego, estando en Bogotá, se firmó el segundo acuerdo y seguía en pie la idea de incluir este proyecto en los acuerdos, de igual forma, la comunidad continuaba con el proceso.

Yo creo que el aporte a la sociedad es mostrar esa mirada desde los mismos cocaleros, que para mí son campesinos de un cultivo ilícito, y visibilizar el cambio que quieren tener en sus cultivos con nuevos productos que les generen rentabilidad.

Por otra parte, siempre ha existido abandono del Estado en este tipo de municipios, y los habitantes han perdido la credibilidad.

Me llamó mucho la atención que en algunos sectores la guerrilla es considerada como la parte oficial y que brinda seguridad a la comunidad. Entonces, hay un problema de desconfianza hacia el Estado, y confianza en las Farc, es decir, para ellos la fuerza pública no hace parte de su seguridad social.

Esto fue algo chocante para mí, porque de este lado, en el que yo vivo, la guerrilla es ese actor armado causante de tomas guerrilleras, matanzas, entre otros actos violentos en el país. Era enfrentarme con una realidad totalmente diferente a lo que estoy acostumbrada a cubrir. Es aportarle esa mirada diferente en el tema del proceso del posconflicto.

¿Cómo describiría la experiencia de trabajar con periodistas extranjeros?

En mi caso, que trabaje con Julia, lo bueno es que tenía un buen manejo del idioma, entonces nos podíamos entender muy bien. Además, tenía mucho conocimiento audiovisual, estaba dispuesta a aprender, a conocer el país, tenía buena actitud, ganas de salir a explorar y a hacer trabajo de campo. En general, creo que nos las llevamos muy bien y formamos un excelente equipo.

La experiencia de trabajar con un periodista de otro país aportó mucho a la historia, porque era ver la realidad del país desde distintas miradas.

Durante el proyecto hubo un momento de reflexión en el seminario en el que los alemanes nos decían que no estaban acostumbrados a esto, que en Alemania no estaban tan cercanos a víctimas del conflicto y que las muertes violentas cercanas a sus familias no existían, como lo podemos estar nosotros en nuestro contexto.

Durante el seminario también reflexionamos acerca de la realidad colombiana, y entendimos que Colombia puede tener distintas realidades. Entonces, era conocer todas esas realidades que están en el país y que vivimos diariamente. Las clases con Ginna y con el profesor alemán, sobre todo la parte de narrar historias, de cómo podemos contarlas y el storytelling me pareció enriquecedor, no solo para la experiencia de Punto de Giro, sino también para la vida profesional y personal.

Por mi parte, fue explorar esas miradas y conocimientos audiovisuales, en herramientas o técnicas de periodismo, me pareció enriquecedor. Nosotros estuvimos en Pueblo Nuevo, una vereda donde se llevó a cabo el proceso de sustitución de cultivos de coca y también se hizo el plan piloto de minas antipersona. Entonces yo creo que eso también fue rico, que ella compartiera con otros colombianos. Por ejemplo, en la casa donde nos quedamos, en una vereda de Palmichal, nos decían que ellos jamás pensaban en la idea de que llegara un alemán preguntándoles sobre los cultivos de coca, y llegó Julia a conocerlos y a convivir una noche con ellos. 

Mira la investigación completa aquí.

 

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